El aire interior de los edificios en invierno tiene una presión de vapor superior a la que existe en el aire del exterior del edificio.

Es necesario controlar su intensidad, ya que un flujo excesivo podría provocar condensaciones superficiales en algún punto del interior, contribuyendo al deterioro de los materiareles, del mismo y a la proliferación de mohos. Podemos distinguir estos tipos de humedades por condensación: