Aislamiento térmico SOS Cubiertas

Cómo conseguir el mejor aislamiento térmico en casa

Disfrutar de una agradable temperatura que se mantenga estable, sin pérdidas de calor por los cerramientos que obliguen a hacer un uso más intenso de la calefacción, es posible con un correcto aislamiento de la vivienda.

Algo en lo que no siempre ponemos la atención necesaria, dadas las suaves condiciones climatológicas de la mayor parte de las zonas de nuestro país. La creciente concienciación medioambiental más los precios al alza de la energía han hecho que la eficiencia energética empiece a preocuparnos más. Una vivienda bien aislada ofrece muchas ventajas, tanto económicas por un menor consumo energético en climatización, como de confort debido a que “permite mantener una temperatura interior constante, independientemente de las condiciones climáticas en el exterior, al tiempo que se minimizan las pérdidas de calor, con el consiguiente aumento de la eficiencia energética que se traduce en un ahorro en las facturas”, tal y como explica Jordi Moreno, arquitecto técnico en Ecospai.

“Es un concepto no muy extendido en España, ya que solemos suplir esa falta de confort con aparatos de calefacción y aire acondicionado, pero es algo vital, que debería ser estudiado desde el proyecto de reforma para poder asegurar una mejora perceptible por el usuario más allá de su bolsillo”, afirma Pablo Monzó, ingeniero de edificación y cofundador de Okambuva. “Son cuestiones que además van ligadas a la salud en el hábitat: una casa bien aislada y con soluciones constructivas transpirables evita la aparición de mohos y alérgenos que son reconocidos causantes de alergias y enfermedades respiratorias”, añade.

Aislante térmico - SOS Cubiertas

Pero, ¿en qué consiste exactamente una casa bien aislada? La pregunta no es sencilla, ya que abarca muchos aspectos. “A día de hoy, prácticamente todo el parque de viviendas podría mejorar sus condiciones térmicas”, asegura Pablo Monzó, enumerando los posibles puntos débiles: “Desde estructuras sin aislar, pasando por toda la envolvente térmica del edificio como la fachada, carpinterías, cubierta, soleras en plantas bajas en contacto con el terreno, instalaciones y las posibles medianeras con otros edificios colindantes. Son todos puntos críticos en los que, de manera general, se acumulan las pérdidas térmicas que acaban traduciéndose en mayores consumos energéticos”.

“Aislar las fachadas y medianeras, sobre todo teniendo en cuenta la situación y orientación de la vivienda, e instalar una buena carpintería exterior con rotura de puente térmico y un vidrio adecuado en función de la situación y orientación de la misma” son las principales medidas que propone Marta Torres, gerente de MDF Construcción, para mejorar las prestaciones térmicas del hogar.

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Uno de los métodos más habituales en el aislamiento térmico exterior para fachadas es el denominado SATE (por sus siglas en inglés), que consiste en la integración de una serie de capas de distintos materiales. Está considerado como uno de los sistemas más eficientes, asegura Jordi Moreno, puesto que permite “aislar desde el exterior del cerramiento, mejorando al máximo su comportamiento térmico al eliminar todos los puentes térmicos como pilares, forjados, zonas macizadas, etc”. Coincide con él Marta Torres, que recomienda el sistema apuntando un dato adicional: “No siempre es posible aplicarlo dado que modifica la configuración de la fachada”.

Pablo Monzó apunta, en este sentido, una posible alternativa: “Se están empezando a proyectar morteros térmicos de cal aérea directamente sobre las fachadas, con distintos acabados tanto pictóricos como de rugosidad/finura. Esto ha conseguido simplificar la secuencia de trabajos con respecto al sistema SATE, obteniendo los mismos resultados e incluso mejores porque así es más sencillo evitar los puentes térmicos: un mortero en 6 cm lo cubre todo y, técnicamente, la ejecución es menos secuencial y, por tanto, más económica y eficiente”.

Tanto si se trata de resolver un problema determinado como de mejorar las prestaciones térmicas de un edificio, una solución simple y eficaz es la creación de cámaras en el interior de la vivienda que reduzcan su demanda energética. “Esta intervención es más sencilla y económica que el aislamiento por el exterior –aunque siempre es más recomendable éste último– y mejora considerablemente el aislamiento de la vivienda”, explica Marta Torres. “Tiene la ventaja adicional de poder ser ejecutada en una sola vivienda, sin necesidad de tener que poner de acuerdo a toda una comunidad de vecinos”.

Coincide con ella Jordi Moreno: “Siempre es bueno tener una cámara de aire ventilada para poder evitar y evacuar posibles condensaciones en el interior de un paramento. Además, no es una solución cara, evitará futuros problemas de humedades y mejorará las condiciones de salubridad”.

“Es cada vez más común en la bioconstrucción el uso del corcho natural granulado. Con un coste aproximado de 150 euros por metro cúbico de material y unos 300-400 euros de mano de obra por cada 100 metros cuadrados a intervenir. Es una solución que realmente está consiguiendo solucionar el problema del aislamiento sin hacer obras y con un precio asequible”, explica Pablo Monzó.

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Los tejados, sobre todo cuando dan a cámaras de cubierta o directamente al exterior, son la mayor fuente de pérdida energética, tanto en lo que se refiere a las terrazas de los edificios como a las cubiertas de las viviendas independientes. De ahí la conveniencia de contar con un buen aislamiento en ellos. “Lo más común es aislar las cámaras en el falso techo con celulosa insuflada, ya que otros materiales, como el corcho granulado, por ejemplo, tienen mayor peso y son más inestables. La celulosa, por su composición y la densidad con la que se proyecta (30-35 kg por metro cúbico), se queda apelmazada y estable” explica el experto en bioconstrucción Pablo Monzó.

Jordi Moreno apunta también otras posibilidades de materiales como “el insuflado en cámara de aire o aplicación en manta sobre superficies horizontales de grafitado de poliestireno expandido o lana de roca”.

Por su parte, Marta Torres recomienda, “siempre que sea posible, el aislamiento desde el exterior. En el caso de ser una vivienda en contacto con una cubierta, es mejor aislarla desde esta última”.

Los problemas por humedad y condensación de agua por la diferencia de temperatura en los cerramientos son muy habituales en viviendas con un mal aislamiento técnico. Para prevenirlos, existe lo que se conoce como barrera de vapor. “Es una lámina que, colocada correctamente, permite conseguir un ambiente interior del hábitat sin exceso de humedad, además de una envolvente térmica más estable al vapor de agua que circula constantemente en las viviendas. No hay que olvidar que el flujo del vapor de agua siempre ocurre del cuerpo caliente al frío: en verano de fuera hacia dentro y, en invierno, de dentro hacia fuera de la vivienda”, explica Pablo Monzó, para puntualizar que “hay muchos tipos de barreras de vapor –tanto para el interior como para el exterior de fachadas y cubiertas– y dentro de cada uso y solución constructiva hay distintos tipos según su permeabilidad al vapor de agua y su resistencia mecánica, por lo que su idoneidad deberá ser estudiada por un técnico competente, es decir un arquitecto o arquitecto técnico”.

“En el caso de España, como en la mayor parte del hemisferio norte, se colocan en la cara caliente del cerramiento para evitar futuros problemas de humedades y condensación de agua por diferencia de temperatura en los cerramientos”, añade Jordi Moreno, con quien coincide Marta Torres, quien puntualiza que “deben instalarse inmediatamente debajo del aislante térmico”.
“Los materiales sostenibles son una alternativa real en términos de aislamiento térmico y cada vez más asequibles”. Esa es la respuesta de Marta Torres al preguntarle sobre la viabilidad de soluciones que sean más respetuosas con el medio ambiente que las convencionales. Y añade que, “cuando comenzaron a comercializarse en España eran una opción mucho más cara, pero hoy en día hay materiales muy competitivos e interesantes”.

Pablo Monzó se muestra entusiasta al respecto: “Por supuesto que son una alternativa real. Ya lo están siendo en Europa y, en España, van entrando a marchas forzadas a pesar de la crisis que ha sufrido el sector. Se nota una evolución de los usuarios hacia una inversión más directa que tenga repercusión a corto o largo plazo y siempre con tendencia a que los materiales sean más sanos y sostenibles. Existen ya desde hace tiempo en el mercado aislamientos naturales como el corcho, la celulosa, la fibra de madera y el cáñamo. Este último también se comercializa incluso en bloques estructurales que sirven para muros de carga que, una vez revestidos, conforman fachadas con una eficiencia y sencillez muy avanzada, propia del siglo XXI”.

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“La sociedad y la legislación están cada vez más involucradas en temas de reciclaje y sostenibilidad, aunque todavía nos queda un largo camino por hacer”, opina Jordi Moreno, que lista entre los materiales más eficientes “la lana de roca, la fibra de madera o la celulosa, todos ellos con bajos coeficientes de conductividad térmica y densidades óptimas”.
La recientemente incorporada etiqueta energética para las viviendas hace pensar que la mejora del aislamiento térmico de un edificio repercutirá de forma directa en su clasificación. No obstante, los expertos manifiestan opiniones encontradas al respecto.
“Una actuación de este tipo podría dar una mejora de una o dos letras en la etiqueta de eficiencia energética, dependiendo del proyecto”, dice Jordi Moreno, para recordar a continuación que, “dependiendo en qué zona se encuentre la vivienda, se puede optar a subvenciones económicas para una reforma de este tipo”.

Marta Torres, de MDF Construcción, se muestra de acuerdo con la idea de que un buen aislamiento mejora la etiqueta pero puntualiza que “no solo es suficiente contar con un buen aislamiento: las instalaciones y carpinterías tienen también un papel muy importante”.

En esta misma línea se posiciona Pablo Monzó, para quien “la realidad es que los programas de calificación para calcular la etiqueta energética están enfocados más bien a valorar la mejora energética de las instalaciones de las viviendas y no las envolventes térmicas de las mismas. Da mucha mayor puntuación una sustitución de caldera por una más eficiente o la introducción de energías renovables que cualquier mejora en carpinterías, cerramientos y cubiertas que pudiéramos hacer”.

Fuente: Houzz